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1843.- La Gloria y el Poder

29/02/2016

Conocí y traté a Leopoldo Durán, un gran amigo de Graham Green el escritor británico de la novela "El Poder y la Gloria”, y en su honor, este "La gloria y el poder" me sirve para carcajearme de la clarividencia de “Pabloiglesiasnosequé”, que ha dividido a los españoles en “buenos” (él y los suyos), “malos” y “menos malos”. En mi caso y no sé hasta cuando, pertenezco a un grupúsculo raro al que algunos llaman los “Dejadmeenpaz”. Si no fuera porque ese apelativo jode a unos y envalentona a otros, quisiera llamarme “Pazsintierra” o algo parecido.

Los Dejadmeenpaz y los Pazsintierra son hombres y mujeres de estética perseguida y mansedumbre comprobada. Cuando piensan en Pabloiglesiasnosequé les viene a la memoria aquel bendito entre todos los benditos, de arenga panegírica y apologética, al que llamaban fray Gerundio de Campazas; un famoso predicador inventado por el padre Isla, un novelista y religioso jesuita español. Igual que Pabloiglesiasnosequé, él era un “Aguapié”, que es como suele llamarse al vino de baja graduación que se elabora echando agua al orujo pisado y apurado en el lagar. Los Aguapié son de talante zafio y papanatas pero manejan el facistol de tal manera que, digan lo que digan, siempre dicen lo mismo.

Lo peor de Pabloiglesiasnosequé, perdón, quise decir de fray Gerundio de Campazas, es que acaban acostumbrándose a los naufragios. Como le pasaba a Álvar Núñez Cabeza de Vaca, “el andarín de América”, un jerezano que supo sobrevivir y adaptarse al suelo y a las gentes en las polvorientas y resecas tierras de Texas y Nuevo México y hasta en las sorprendentes cataratas del río Iguazú en el sur de América. Para Cabeza de Vaca, andar y caminar hacia la esperanza era la obsesión vital que le mantenía en pie; debió enseñárselo nuestro Pánfilo de Narváez, un chicarrón sorprendente que nació en Navalmanzano.

A los Dejadmeenpaz y a los Pazsintierra ni les admira la gente que tiene las cosas claras ni les detestan los que no las tienen demasiado despejadas. Solo les condenan los que cada día se inyectan en vena tertulias radiofónicas o televisadas para tener a quien odiar. Unos y otros, en busca de su dosis diaria de droga mediática, un potingue lenguaraz que les deja sin ánimo para rebullir; muchos no saben leer ni escribir y ya predican soflamas –Fray Gerundio diría que son como garbanzos en olla de potaje–.

Los Dejadmeenpaz y los Pazsintierra, hartos de tanto trapecio sin red, sueñan con un país que se apunte a un programa de desintoxicación política. Les desprecian los buenos, les fustigan los malos, les desdeñan los menos malos y todo el mundo les maldice.

Atando cabos, apelo a la gloria y el poder de todos los Fray Gerundio de Campazas alias Zotes.

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