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1599.- A por ellos, oé...

22/06/2011

“De forma pacífica y festiva decenas de miles de personas convocadas por el movimiento de los indignados”. Así las edulcoradas interpretaciones de la prensa nacional. Edulcoradas, quiere decir “desconcertantes por rebuscadas”, o sea, tú sabrás.
“A por ellos oé”, es la frase convenida. El meollo de los eslóganes, esas fórmulas breves y llamativas que se utilizan en publicidad y propaganda. Como siempre sucede, el problema es saber quiénes son esos “ellos”, en este caso todo el que haya tenido la osadía de dedicarse a la política y haber sido elegido democráticamente por la mayoría de los votantes, solo los de la mayoría, cuantos más votos, menos nos representan…
No sé si viene al caso esta vieja historia: Un joven se acercó a un sabio. “Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Y el sabio: “No puedo ayudarte, debo resolver primero mis propios problemas”, dijo mientras se quitaba un anillo que llevaba en el dedo meñique: “Toma el caballo, cabalga hasta el mercado y hazme el favor de venderme este anillo pero no aceptes menos de una moneda de oro por él”. Ya en el bazar, el muchacho revolvió Roma con Santiago pero los mercaderes se reían de él cada vez que exigía la moneda de oro. Hubo quien, compadeciéndose, llegó a ofrecerle una moneda de plata. Como las instrucciones eran terminantes, rechazó las miserables ofertas, decepcionado. “Maestro –dijo al regresar-, no me fue posible conseguir lo que me pediste”. Y el sabio: “Muchacho, ¿no te parece que lo prudente hubiera sido averiguar el verdadero valor del anillo? Anda, vete al joyero para que te lo tase. Ah, y te ofrezca lo que te ofrezca, no se lo vendas. Regresa aquí con mi anillo.” Cuenta la historia que cuando el experto examinó aquel anillo, lo miró con su lupa y lo pesó, exclamó emocionado: “Dile al maestro que si le urge y lo quiere vender hoy, no puedo darle más que 58 monedas de oro. Tal vez con tiempo…” Cuando el maestro sabio recibió aquel mensaje revelador, con la sensatez de los que saben de buena tinta y maduran sus propuestas: “Tú eres como este anillo, muchacho ¡Una joya única y valiosa! Sólo un experto puede evaluarte verdaderamente”.
Así, pacífica y festivamente, “los indignados» de España piden una huelga general. No nos representan, “a por ellos, oéeeee...

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