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1954.- Lágrimas furtivas

20/09/2017

Por razones históricas y sociales, la villa de Turégano se configuró urbanísticamente en barrios en función principalmente de sus diferentes parroquias y ermitas. En uno de esos barrios, el de los Remedios —frente a la ermita del Humilladero, por donde transcurre el antiguo Camino Real de Turégano a Segovia—, mi paisano Antonio Arribas Montes tiene una bodega que quita el hipo no sólo por la calidad de los vinos y licores que allí atesora sino por la hospitalidad que él y su familia ofrecen al visitante.

El Camino Real de Turégano a Segovia fue una ruta que históricamente utilizaron obispos, arzobispos, cardenales y varios reyes, incluido el rey Fernando el Católico —rey de Aragón (incluida Cataluña), de Castilla, de Sicilia y de Nápoles— quien después de varios días en el castillo tureganense esperando el aviso de la reina Isabel, su esposa, acudió a Segovia para ser coronado rey de Castilla en un tanto monta con ella ya proclamada reina de Castilla por los segovianos. —¡Lástima que mientras transita por la villa ese histórico Camino Real siga llamándose calle de Francisco Franco, en vez de, por ejemplo, calle de Francisco Rodríguez Adrados pues allí tiene su domicilio tureganense esa persona singular que es miembro de la Real Academia Española (sillón, d minúscula) y de la Real Academia de la Historia! —su madre y sus abuelos maternos fueron vecinos, tabique por medio, de la casa de mis abuelos en la Plaza Mayor de la villa, hoy Plaza de España.

Camilo José Cela en su "Judíos, Moros y Cristianos, notas de un vagabundaje por Ávila, Segovia y sus tierras" después de vagabundear por Sepúlveda y Pedraza, hizo amistad con un arriero que le llevó en su carro hasta Turégano —“Un pueblo grande y señor, de buenas y viejas casas, remilgadas piedras y habitantes taciturnos y meditabundos”, y allí se sintió: “Soldado en el Altozano y menestral en la Bobadilla” (a parte de la Plaza y su posada, solo esos dos barrios señala).

En la villa episcopal, hablando con unos y con otros, aquel vagabundo de mirada perdida recordó al obispo Arias Dávila, a los ballesteros que puso en la Villa Episcopal el rey don Pedro el Primero, y a su salida se topó con un paisano, un afilador de Ourense, con quien discutió en gallego, y que andaba por Turégano “silbando para espantar el hambre”. A la caza de la fortuna, había salido doncel de su pueblo —el pueblo de donde salen los hombres que afilan navajas en las cinco partes del mundo, y al cabo de los años, viejo ya, todavía no había regresado. Tenía los dedos quemados, del oficio—. El afilador y el vagabundo se fumaron juntos el negro y difícil tabaco de la despedida, y luego, ya de camino hacia Segovia, el afilador gallego le explicó al vagabundo Cela que caminaba afilando cuchillos, navajas y tijeras hasta “el fin del mundo comenzando por Turégano”.

A pesar del título de su libro —Judíos, Moros y Cristianos—, el Premio Nobel de Literatura 1989, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 1987 y Premio Cervantes 1995 pasó como de puntillas y con los ojos cerrados por el antiguo barrio judío que pasó a pertenecer, con su sinagoga y fonsario (el cementerio de los judíos) a la parroquia de Santiago cuando los Reyes Católicos ordenaron la expulsión en 1492 de los judíos de nuestra nación mediante el Edicto de Granada. “Una furtiva lacrima negli occhi suoi spuntò” (Una furtiva lágrima de los ojos suyos brotó) —gracias, Gaetano Donizetti, compositor dramático italiano, por prestarme hoy, para recordar a tantos sefardíes segovianos, una de las canciones más hermosas de la historia de la música (“Una furtiva lágrima” de tu ópera Lucía de Lammermoor, una romanza para tenor incluida en la ópera L’elisir d’amore que escribiste en 1832).

Miguel de Unamuno en su obra "Del sentimiento trágico de la vida" , uno de los más destacados ensayos filosóficos de Miguel de Unamuno, publicado en 1912 bajo la influencia de Søren Kierkegaard y de San Ignacio de Loyola, declara que “Más de una vez se ha dicho que todo hombre desgraciado prefiere ser el que es aun con sus desgracias, a ser otro sin ellas… Los hombres desgraciados cuando se esfuerzan por perseverar en su ser prefieren la desgracia a la no existencia”.

Porque "el caso es buscar consuelo en el desconsuelo” (cosas también de aquel filósofo español de Bilbao que murió en Salamanca), atando cabos hoy me detengo en lágrimas furtivas por si se produce el catexit —la salida de Cataluña de España y la Unión Europea— y como en uno de los más extraordinarios sonetos de la lengua española —“Amor constante más allá de la muerte” de Francisco de Quevedo— los restos de esa España a la deriva “serán ceniza mas tendrán sentido / polvo serán, más polvo enamorado”. ¡Brindo por ello, Antonio Arribas Montes, amigo!

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