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1949.- Maese Puigdemont

30/08/2017

Cuenta Miguel de Cervantes que cuando “don Quijote y Sancho vinieron donde ya estaba el retablo puesto y descubierto, lleno por todas partes de candelillas de cera encendidas que le hacían vistoso y resplandeciente, en llegando se metió maese Pedro dentro dél, que era el que había de manejar las figuras del artificio, y fuera se puso un muchacho, criado del maese Pedro, para servir de intérprete y declarador de los misterios del tal retablo”.
Al neurospantal como el Maese de Cervantes se le llama también titiritero porque maneja el títere. Se le confunde con el charlatán. Salvo los personajes malvados que hablaban con voz grave pero igualmente falsa, las marionetas lo hacen con una voz aguda, chillona y falsa, algo aflautada. Ahora, llegado septiembre puerta del cambio o del recambio, el paso del Rubicón catalán anda en su “Alea iacta est” (la suerte está echada). El teatro, a la expectativa. El gritador, afinando y afilando los telediarios. Las marionetas caducadas, en la basura de la historia. El país, como sonámbulo, a la deriva...
En la aldea global donde me muevo te mueves y nos movemos, el pan de la supervivencia está hecho con la levadura del cuento y la harina rencorosa… Porque cualquiera puede gobernar un barco, pero hace falta alguien capaz de trazar la ruta.
“No fabricamos huevos, cuidamos gallinas”, así una conocida marca que añade en sublime coda: “Cada huevo lo marcamos con un código”. No añadía que los hombres cuidamos gallinas para robarles sus huevos, eso es otro cantar. No hablo hoy, ya ven, del Gobierno de España y su tonel lleno de agujeros por donde sale sin tasa el rio de la manirrotez. Lo del tonel es frase que me regala Luciano de Samosata, aquel sirio romano de cuando Siria era el centro comercial más importante del Imperio, o sea, cuando lo del apóstol Santiago año más año menos. En su “Apología de los que están a sueldo”, Luciano explica cosas que sonrojan ahora que ya no es antipatriota hablar de crisis económica: “Un hombre tonto es un tonel agujereado en el que desperdicias todas las gracias que en vano viertes”. Y añade: “La decisión pausada es la mejor con mucho; la rápida, que es fruto de la precipitación, obliga a rectificar”.
Del chiquilcuatre Carles Puigdemont i Casamajó, ex alcalde de Gerona y presidente de la Comunidad Autónoma de Cataluña se sabe que no sabe que existió ese tal Luciano de Samosata, un escritor genial que, mirando al hoy desde el antaño, es como si hubiera dedicado al tal Puigdemont algunos de sus epigramas más inquietantes.
De él y sus colegas —el Junqueras, la Colau y la Forcadell, esos visionarios— se sabe que cuando hablan es como si lo hicieran en encíclica papal, o sea, que pontifican. No dan bandazos, se mecen al compás de las circunstancias. Cuando se adaptan, se camuflan, cuando imponen, balancean. Juegan con cartas marcadas pero no saben que la escalera ha de barrerse empezando por arriba, son unos iluminados.
Por nuestra parte, los de a pie seguimos al de Samosata y es y pone tasa al gasto”.
En esta feria de vanidades y vanaglorias, los que como si rezáramos oraciones laicas: “Como vas a morir, disfruta de tus bienes; como vas a vivir, administra tus bienes; que hombre sabio es quien pensando ambas cosas ahorra meten el vino en toneles agujereados en vez de cuidar gallinas fabrican huevos de plomo marcados con el código de barras.
Atando cabos una vez más y van que ni se sabe, érase una vez un desierto de arenas cambiantes en donde con tantos beodos los sobrios parecen los verdaderos borrachos, que como en el retablo de Maese Puigdemont se ve cómo los muñecos mueven la cabeza, los ojos y las manos. Por las buenas o las malas, el Maese catalán ha dicho basta y además de maese quiere ser la marioneta y su coda —la parte que se añade al final de una pieza musical, que con frecuencia suele ser la repetición de uno de los mejores motivos de la misma, una especie de estribillo o estrambote.







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